| PRIMERA
IMPRESIÓN:
Esperé
ansioso la llegada de la nueva bobina, un par de días
más tarde me disponía a abrir el paquete con
la misma ilusión que un niño el día
de su cumpleaños.
Lo
primero que me llamó la atención fue la forma;
era como una yema de huevo doble. Parecía sólida
y de buena calidad pero lo mejor de todo fue el protector
(incluido con cada bobina SEF sin cargo adicional). Noté
inmediatamente que se ajustaba perfectamente sin dejar huecos
inútiles por donde pudiera meterse la tierra.
Fijé
la bobina en mi Minelab Explorer SE y me sorprendió
lo bien que encajaba a la barra (no necesité quitar
trocitos de plástico ni poner arandelas, ajustó
perfectamente sin necesidad de hacer ningún cambio).
Lo
primero que noté nada más colocar la bobina
fue que el detector parecía no estar tan bien balanceado
como con la bobina de 15 pulgadas Coiltec WOT. También
me sorprendió que la nueva bobina SEF fuese más
ligera que la WOT.
Resumiendo,
mi primera impresión es que esta bobina es para los
detecto-aficionados (como yo) interesados es sacar las mejores
cosas.
EN
EL CAMPO:
Naturalmente,
me moría de ganas por probar la nueva bobina, y creía
tener el sitio perfecto donde probarla. Era un prado vecinal
cercano, donde anteriormente hubo un Campamento Romano,
y además el terreno es muy mineralizado. He estado
buscando en este sitio durante 20 años y los hallazgos
ahora son muy escasos. Se debe ir muy despacio y con cuidado
para poder escuchar las leves variaciones de sonido. Como
tenía un hueco en mi trabajo (a la hora del té)
una media hora antes de que se hiciese de noche. Me dirigí
al lugar.
Llegué
al campo, me puse las botas y el chubasquero, encendí
el SE, y empecé a buscar lentamente. Noté
que la máquina permanecía silenciosa y más
estable que con otras bobinas que he usado. Yo busco siempre
a máxima sensibilidad (32), la máscara de
hierro a 31 o en todos los metales, audio en 3, ganancia
en 10, etc. (así el detector es bastante inestable
“HOT” pero sé que va al máximo
rendimiento).
Había
caminado unas pocas yardas cuando recibí un sonido
fuerte y claro, que se convirtió en un botón.
Algo casual, pensé, ¿o era una señal
que habíamos pasado por alto anteriormente?
Como
en otros campos, este también tiene sus mejores zonas
“puntos calientes”, pero en este campo esas
zonas parecían agotadas ya que nosotros hemos pasado
por ellos infinidad de veces. Caminé hacia uno de
ellos y comencé a buscar. Mi detector me dio un sonido
medio y claro, saqué una pieza de plomo. La siguiente
señal fue un sonido bajo y saqué una moneda
romana de Constantino muy deteriorada. ¡No me lo podía
creer!, en esa pequeña zona tuve nueve señales
más antes de volver al trabajo; algunas fueron profundas
pero otras estaban a pocas pulgadas bajo la superficie.
Esto me demostró que la bobina estaba haciendo un
buen trabajo detectando entre hierros. El funcionamiento
de la bobina era impresionante.
Continué
yendo a ese sitio en mis ratos libres del trabajo, que eran
cortos espacios de tiempo. Seguí obteniendo montones
de señales donde antes ya no las obtenía.
Algunos de los grandes hallazgos (los tonos más altos)
provenían de una profundidad asombrosa. Un “AS”
de Constantino lo saqué a unas 12 pulgadas.
Normalmente,
estoy sacando objetos muy profundos en zonas ya buscadas
a conciencia. Los tonos con esta bobina son más claros
y pronunciados que con mis otras bobinas, y el pinpointing
es también muy bueno.
EN
EL BOSQUE:
En
el bosque, enfrente donde yo vivo fue el siguiente sitio
donde probé la nueva bobina. Había recuperado
miles de monedas, y montones de joyas de oro y plata, y
parecía que el sitio estaba ya agotado.
También
tenía sus zonas buenas (puntos calientes) donde han
salido muchas cosas en el pasado, uno empezaba en un sendero
y se dirigía hacia un molino en ruinas. Creo que
de los sitios donde he buscado, este tiene la tierra más
contaminada que ningún otro. Es un tipo de vereda
con cenizas, con muchas cokes y hierro mezclados. La bobina
se manejaba bien en esta vereda, estaba estable, y veía
bien a través de la mineralización. Saqué
trozos de plomo y papel de plata, junto con un Chelín
de 1928 y medio penique Victoriano (ambos a profundidad).
Esto antes estaba totalmente vacío de señales
y por eso estaba bastante impresionado.
Seguidamente
me dirigí a un prado que estaba en pendiente donde
el suelo estaba más limpio y en mejores condiciones.
Aquí saqué algunas monedas más, algunos
trozos de plomo. Algunos de estos objetivos estaban sorprendentemente
profundos, y la mayoría daban tonos claros.
Mientras
volvía a casa decidí sumergir la bobina en
un arrollo a una profundidad de dos pies y limpiar la parte
de abajo para ver cómo reaccionaba. Funcionaba exactamente
igual que antes de sumergirlo y no daba ninguna señal
falsa. Luego seguí sacando algunas monedas más
debajo de las hojas mohosas de los árboles. |