En la mitad de las vacaciones
de Pentecostés, dos de mis hijas, mi mujer y yo decidimos salir
por unos días. Sentado en la caravana miraba entusiasmado a través
de la ventana los 30 acres de campo recién segado de Wiltshire
que me incitaban a la búsqueda. El campo estaba bordeado al Sur
por un riachuelo, con una bonita plataforma plana justo al Este del
riachuelo. Situado en lo más alto y muy próximo a Stonehenge
y una calzada romana, y la línea divisoria Sajona en el borde
del campo colindante… una mezcla perfecta para la búsqueda.
Me preguntaba quien sería el granjero y si me daría permiso
para buscar en el campo. Habíamos llegado dos días antes
e intentábamos no permanecer más de ese fin de semana.
Hablé con el propietario del sitio donde teníamos puesta
la caravana y vimos que el granjero de la zona vivía a tan solo
un par de cientos de metros, en una vieja granja de piedra.
Me dirigí a la casa bastante optimista pero desgraciadamente
no había nadie. Volví al día siguiente pero fue
la misma historia y empezaba a pensar que nunca podría empezar
a buscar. Sin embargo el tercer día tuve suerte. Inmediatamente
después de conseguir la aprobación del granjero cogí
mi detector que ya estaba ensamblado, me puse mi chubasquero (el cielo
parecía amenazante) y me metí en el campo. Sabía
que disponía al menos de un par de horas para detectar porque
ya habíamos planeado visitar Stonehenge por la tarde. Se me ponía
la piel de gallina sólo de pensar que iba a visitar un sitio
tan místico poco después, de aquí mi impaciencia
por comenzar una frenética sesión de búsqueda.
Durante unos minutos permanecí de pié para observar el
campo e intenté imaginar como sería el paisaje en el pasado.
Situado en la parte alta y plana del campo, noté el cauce seco
de un arrollo que cruzaba de Este a Oeste dividiéndolo en dos
niveles distintos. A pesar de que la hierba había sido cortada,
todavía no la habían recogido, por eso no pude ver a través
de la maraña de hierba cortada que yacía en el suelo si
había restos de cerámica o cualquier otra indicación
de que pudiera haber estado habitada en tiempos pasados (por antiguas
civilizaciones).
Comencé la búsqueda con mi MINELAB
EXPLORER 2 y las dos primeras señales fueron piezas de
plomo (con una gran oxidación, que siempre es buena señal)
seguido de medio penique irlandés de George III en no muy buen
estado. Buscaba bastante rápido escuchando zonas con mucha concentración
de hierro y esperando que mi equipo de búsqueda, incluida una
bobina grande cubrir el terreno mas rápidamente.
Empezó a llover y me puse de espaldas a la lluvia por unos minutos
para proteger el detector. Después continué siguiendo
del cauce seco del riachuelo. Muchas de las señales resultaban
ser vainas de cartuchos del calibre 303, y para ser sincero, empezaba
a ser un poco molesto, siempre dan un tono bastante bueno en mi Explorer,
similar a las monedas medievales. Después saqué una bonita
hebilla con el dibujo de tres sables, (aunque no creo que sea muy antigua),
seguido de un cuarto de penique de George IV también en malas
condiciones.
Lo mas alentador que saqué después a la luz, fue parte
del borde de un cuenco. Este tenía una patina consistente muy
bonita e indudablemente era antiguo. Después lo que salió
fue una gran hebilla de un arnés de caballo ( posiblemente del
Siglo XIX) seguido de mas vainas del calibre 303, uno de los agujeros
llegó a tener tres juntos. Otras cosas interesantes que encontré
fue unos objetos de plomo con forma de cuerno, pero no tengo ni idea
de lo que pueden ser.
El cielo empezaba a ser más amenazador y empezaba a llover con
más fuerza, protegí mi detector otra vez durante unos
cinco minutos, hasta que la lluvia amainó lo suficiente para
poder seguir buscando. El cielo estaba realmente oscuro y me propuse
seguir sobre el viejo cauce seco hacia el terreno de más bajo,
estar unos minutos allí y después volver a la caravana.
Cuando alcancé esta parte del campo encontré un bonito
penique Victoriano y un par de botones. Afortunadamente había
menos cartuchos que siempre terminan por aburrirte.
En cuanto empezó a llover otra vez decidí volver, intentando
que mi detector se mojase lo menos posible. Cuando la lluvia era mas
fina, escuché un sonido claro de una señal no férrica.
Como estaba lloviendo intenté ignorarlo pensando que posiblemente
podría ser una lata grande o algo semejante, sin embargo mi mente
pensó, ”¿si fuese un tesoro?”
Excave un gran agujero circular para cortar la hierba y apartarla, dejando
ver la tierra arcillosa de debajo. Comprobé otra vez el agujero
y la señal estaba todavía allí. Por lo tanto empecé
a sacar paladas de tierra pero enseguida paré porque noté
un objeto bastante grande tumbado en el fondo del agujero.
Me arrodillé y agarré el objeto, rápidamente me
di cuenta de lo que era. En mi mano tenia la cabeza de un hacha de la
edad de bronce. Casi me caigo dentro del agujero porque no me podía
creer lo que había encontrado. Se me escaparon varias palabrotas,
pero la satisfacción de haber encontrado algo fabricado por unas
manos de hace 3000 años era abrumadora. Uno de mis sueños
desde hace muchos años era el de encontrar algo de la edad de
bronce, y finalmente se había hecho realidad.

Mi primer pensamiento fue que debía volver a la caravana (que
estaba solo a 200m) y compartir la noticia con mi mujer y mis hijas,
pero normalmente me desanima bastante que ninguno de mi familia comparta
mi mismo entusiasmo sobre las cosas que encuentro. Permanecí
de pie y como tengo por costumbre verificar el agujero antes de taparlo,
así lo hice. Mi Explorer 2 se volvió loco otra vez y la
señal era mas alta y clara que antes. Me pregunté en voz
alta, ¿seguro que no es un tesoro?. Balanceé mi detector
sobre el lugar y escuché la señal. Estaba reacio a excavar
un hoyo más profundo y estropear así el momento.
Al final decidí que debía conseguir que mi familia viniera
y compartir esta experiencia. Volví corriendo a la caravana con
la cabeza de hacha bien agarrada en mi mano dejando mi detector en la
tierra cerca del agujero para que así me resultara fácil
encontrar el sitio. Cuando llegué a la caravana encontré
a mi mujer ya arreglada y preparada para ir a visitar Stonehenge y yo
permanecí de pié en la puerta con el pelo mojado y con
la cara desencajada.
Los sonidos incomprensibles que salieron de mi boca se podrían
traducir como, “creo que posiblemente he encontrado un tesoro!”
y le enseñé la cabeza de hacha que tenía en la
mano. Ella dijo “¿Qué es eso?”. Seguro que
ella esperaba que le enseñase una cadena de oro romana o algunas
monedas de plata antiguas escondidas en mi bolsillo.
Después de explicarle el significado del objeto, mis hijas gemelas
–que afortunadamente ya estaban arregladas- se pusieron rápidamente
la gabardina y todos volvimos al lugar atravesando el campo. Yo iba
parloteando todo el camino, todavía en un estado de incredulidad
y preguntándome que tesoros podría haber todavía
en el suelo.
Cuando llegamos al sitio, di unas pasadas con mi detector en el agujero,
justo antes de verificarlo, bromeaba conmigo mismo sobre si había
sido tan solo una “ilusión acústica”. La señal
estaba todavía allí, alta y clara, y empecé a sacar
la tierra con las manos para evitar el riesgo de dañar sin querer
ese “tesoro” que estaba esperando a ser descubierto.
Después de algunos segundos excavando pudimos ver otra hoja plana
que estaba extendida en la tierra y cubierta de barro. Rasqué
la tierra de alrededor y era evidente que junto a ella había
dos hojas más. Saqué los hachas cuidadosamente y los puse
en la hierba. Me sentía mareado por la emoción. Lo había
conseguido. Al fin había encontrado un tesoro.
Los siguientes 30 minutos mis hijas y yo nos mirábamos con incredulidad
y cuidadosamente excavamos alrededor del agujero, el cual sólo
tenía 12 pulgadas (30 cm) de profundidad y 18 pulgadas (46 cm)
de ancho. Yo regularmente comprobaba el agujero con mi detector, y casi
me desmayaba cada vez que me daba una señal fuerte indicando
que todavía había más objetos colocados allí.
Las hachas estaban todas juntas, menos las dos últimas, y uno
de ellas había sido rota en la antigüedad. Tenían
una pátina verde consistente y las encontramos a 8 pulgadas (20
cm) separadas del grupo principal.

Coloqué la última pieza en la hierba y el detector ya
no daba respuesta, era evidente que había encontrado el total
de las 10 hachas de la edad de bronce que alguien las dató entre
el 1450-1250 AC. Me tomé un tiempo para darle vueltas a la cabeza
sobre el hecho de que esos bonitos objetos escondidos fueron usados
en la misma época que Stonehenge. Me preguntaba si la persona
que escondió las hachas vio alguna vez este antiguo monumento
en toda su grandeza. O quizás alguna vez adoró a su Dios
aquí y por alguna razón tuvo que esconder los hachas y
no volvió a recogerlas. Intenté disfrutar del momento
el mayor tiempo posible porque sabía que hay muy pocas posibilidades
de volver a encontrar algo tan importante como esto en el resto de mi
vida.
Tomé un par de fotografías de las hachas en la hierba
con mi teléfono móvil y entonces a regañadientes
rellené el agujero pensando que no encontraría más
hachas. Mis hijas estaban también abrumadas, eran conscientes
de lo afortunadas que eran de presenciar el descubrimiento de unos objetos
de hace 3000 años por su padre, que siempre les hablaba sobre
el deseo de encontrar un tesoro o algo parecido.
Yo todavía encontraba muy difícil de entender que me había
hecho ir hacia ese punto en el medio del campo, después de sólo
una hora de búsqueda y justo cuando me disponía a volver
a la caravana.
Sinceramente pienso que alguien me guió allí, queriendo
que encontrase las hachas.
Volvimos a la caravana con las hachas envueltas individualmente en papel
de cocina y se las enseñamos a mi mujer, que se impresionó
al ver lo que habíamos descubierto. Después de esa noche,
el granjero que había vuelto de atender sus negocios entró
a la caravana acompañado por su mujer y se asombró de
lo que habíamos descubierto en uno de sus campos. A los dos les
interesaba la historia y habían hecho algunos descubrimientos
en la localidad, pero nunca habían soñado que esa zona
tenía una historia que se remontaba a la edad del bronce. El
granjero quería que siguiera buscando en el resto del campo,
pero le explique que teníamos que volver a casa en un par de
días y que sólo podía buscar por unas horas más
el día siguiente. El me dijo que recordaba que el campo había
sido arado tan solo un par de veces. La última vez el año
pasado, pero la vez anterior fue hace unos años cuado se aró
a una profundidad de 2 pies (60 cm). Creo con toda seguridad que esa
fue la vez en que los hachas fueron arrastrados desde lo más
hondo a la superficie.

Dedicamos una hora más de búsqueda esa misma tarde, antes
de que se hiciese demasiado de noche y encontré el onceavo hacha
a unos 3m del agujero del tesoro, confirmando esto mi presunción.
Al día siguiente busque alrededor de donde había salido
el tesoro, en un radio de 50 metros, pero no encontré ningún
otro hacha. En este momento en el que escribo, estoy esperando volver
pronto para buscar en todo el campo junto a mi compañero de búsqueda,
y he preguntado a mi FLO si algún arqueólogo debería
estar presente, pero solo en el caso de que algo más sea descubierto.

He dado
el tesoro a Beth, una interina del York FLO
– Find Liaison Officers– (Oficina de coordinación
de hallazgos o descubrimientos) en el museo de Yorkshire, debido a que
el Salisbury FLO no estaba abierto al día siguiente de encontrar
el tesoro y nosotros nos dirigíamos ya a casa. Mi esperanza es
que los hachas sean expuestos permanentemente en cualquiera de los museos
de Salisbury o Devises, porque creo firmemente que es donde deberían
permanecer.
fuente: TREASURE HUNTING