Mi Tesoro de Hachas
de la Edad del Bronce

 

por Neal Blatheirwick
y su Minelab EXPLORER

 

    

En la mitad de las vacaciones de Pentecostés, dos de mis hijas, mi mujer y yo decidimos salir por unos días. Sentado en la caravana miraba entusiasmado a través de la ventana los 30 acres de campo recién segado de Wiltshire que me incitaban a la búsqueda. El campo estaba bordeado al Sur por un riachuelo, con una bonita plataforma plana justo al Este del riachuelo. Situado en lo más alto y muy próximo a Stonehenge y una calzada romana, y la línea divisoria Sajona en el borde del campo colindante… una mezcla perfecta para la búsqueda.


Me preguntaba quien sería el granjero y si me daría permiso para buscar en el campo. Habíamos llegado dos días antes e intentábamos no permanecer más de ese fin de semana. Hablé con el propietario del sitio donde teníamos puesta la caravana y vimos que el granjero de la zona vivía a tan solo un par de cientos de metros, en una vieja granja de piedra.


Me dirigí a la casa bastante optimista pero desgraciadamente no había nadie. Volví al día siguiente pero fue la misma historia y empezaba a pensar que nunca podría empezar a buscar. Sin embargo el tercer día tuve suerte. Inmediatamente después de conseguir la aprobación del granjero cogí mi detector que ya estaba ensamblado, me puse mi chubasquero (el cielo parecía amenazante) y me metí en el campo. Sabía que disponía al menos de un par de horas para detectar porque ya habíamos planeado visitar Stonehenge por la tarde. Se me ponía la piel de gallina sólo de pensar que iba a visitar un sitio tan místico poco después, de aquí mi impaciencia por comenzar una frenética sesión de búsqueda.


Durante unos minutos permanecí de pié para observar el campo e intenté imaginar como sería el paisaje en el pasado. Situado en la parte alta y plana del campo, noté el cauce seco de un arrollo que cruzaba de Este a Oeste dividiéndolo en dos niveles distintos. A pesar de que la hierba había sido cortada, todavía no la habían recogido, por eso no pude ver a través de la maraña de hierba cortada que yacía en el suelo si había restos de cerámica o cualquier otra indicación de que pudiera haber estado habitada en tiempos pasados (por antiguas civilizaciones).


Comencé la búsqueda con mi MINELAB EXPLORER 2 y las dos primeras señales fueron piezas de plomo (con una gran oxidación, que siempre es buena señal) seguido de medio penique irlandés de George III en no muy buen estado. Buscaba bastante rápido escuchando zonas con mucha concentración de hierro y esperando que mi equipo de búsqueda, incluida una bobina grande cubrir el terreno mas rápidamente.


Empezó a llover y me puse de espaldas a la lluvia por unos minutos para proteger el detector. Después continué siguiendo del cauce seco del riachuelo. Muchas de las señales resultaban ser vainas de cartuchos del calibre 303, y para ser sincero, empezaba a ser un poco molesto, siempre dan un tono bastante bueno en mi Explorer, similar a las monedas medievales. Después saqué una bonita hebilla con el dibujo de tres sables, (aunque no creo que sea muy antigua), seguido de un cuarto de penique de George IV también en malas condiciones.


Lo mas alentador que saqué después a la luz, fue parte del borde de un cuenco. Este tenía una patina consistente muy bonita e indudablemente era antiguo. Después lo que salió fue una gran hebilla de un arnés de caballo ( posiblemente del Siglo XIX) seguido de mas vainas del calibre 303, uno de los agujeros llegó a tener tres juntos. Otras cosas interesantes que encontré fue unos objetos de plomo con forma de cuerno, pero no tengo ni idea de lo que pueden ser.


El cielo empezaba a ser más amenazador y empezaba a llover con más fuerza, protegí mi detector otra vez durante unos cinco minutos, hasta que la lluvia amainó lo suficiente para poder seguir buscando. El cielo estaba realmente oscuro y me propuse seguir sobre el viejo cauce seco hacia el terreno de más bajo, estar unos minutos allí y después volver a la caravana. Cuando alcancé esta parte del campo encontré un bonito penique Victoriano y un par de botones. Afortunadamente había menos cartuchos que siempre terminan por aburrirte.


En cuanto empezó a llover otra vez decidí volver, intentando que mi detector se mojase lo menos posible. Cuando la lluvia era mas fina, escuché un sonido claro de una señal no férrica. Como estaba lloviendo intenté ignorarlo pensando que posiblemente podría ser una lata grande o algo semejante, sin embargo mi mente pensó, ”¿si fuese un tesoro?”


Excave un gran agujero circular para cortar la hierba y apartarla, dejando ver la tierra arcillosa de debajo. Comprobé otra vez el agujero y la señal estaba todavía allí. Por lo tanto empecé a sacar paladas de tierra pero enseguida paré porque noté un objeto bastante grande tumbado en el fondo del agujero.


Me arrodillé y agarré el objeto, rápidamente me di cuenta de lo que era. En mi mano tenia la cabeza de un hacha de la edad de bronce. Casi me caigo dentro del agujero porque no me podía creer lo que había encontrado. Se me escaparon varias palabrotas, pero la satisfacción de haber encontrado algo fabricado por unas manos de hace 3000 años era abrumadora. Uno de mis sueños desde hace muchos años era el de encontrar algo de la edad de bronce, y finalmente se había hecho realidad.


Mi primer pensamiento fue que debía volver a la caravana (que estaba solo a 200m) y compartir la noticia con mi mujer y mis hijas, pero normalmente me desanima bastante que ninguno de mi familia comparta mi mismo entusiasmo sobre las cosas que encuentro. Permanecí de pie y como tengo por costumbre verificar el agujero antes de taparlo, así lo hice. Mi Explorer 2 se volvió loco otra vez y la señal era mas alta y clara que antes. Me pregunté en voz alta, ¿seguro que no es un tesoro?. Balanceé mi detector sobre el lugar y escuché la señal. Estaba reacio a excavar un hoyo más profundo y estropear así el momento.


Al final decidí que debía conseguir que mi familia viniera y compartir esta experiencia. Volví corriendo a la caravana con la cabeza de hacha bien agarrada en mi mano dejando mi detector en la tierra cerca del agujero para que así me resultara fácil encontrar el sitio. Cuando llegué a la caravana encontré a mi mujer ya arreglada y preparada para ir a visitar Stonehenge y yo permanecí de pié en la puerta con el pelo mojado y con la cara desencajada.


Los sonidos incomprensibles que salieron de mi boca se podrían traducir como, “creo que posiblemente he encontrado un tesoro!” y le enseñé la cabeza de hacha que tenía en la mano. Ella dijo “¿Qué es eso?”. Seguro que ella esperaba que le enseñase una cadena de oro romana o algunas monedas de plata antiguas escondidas en mi bolsillo.


Después de explicarle el significado del objeto, mis hijas gemelas –que afortunadamente ya estaban arregladas- se pusieron rápidamente la gabardina y todos volvimos al lugar atravesando el campo. Yo iba parloteando todo el camino, todavía en un estado de incredulidad y preguntándome que tesoros podría haber todavía en el suelo.


Cuando llegamos al sitio, di unas pasadas con mi detector en el agujero, justo antes de verificarlo, bromeaba conmigo mismo sobre si había sido tan solo una “ilusión acústica”. La señal estaba todavía allí, alta y clara, y empecé a sacar la tierra con las manos para evitar el riesgo de dañar sin querer ese “tesoro” que estaba esperando a ser descubierto.


Después de algunos segundos excavando pudimos ver otra hoja plana que estaba extendida en la tierra y cubierta de barro. Rasqué la tierra de alrededor y era evidente que junto a ella había dos hojas más. Saqué los hachas cuidadosamente y los puse en la hierba. Me sentía mareado por la emoción. Lo había conseguido. Al fin había encontrado un tesoro.


Los siguientes 30 minutos mis hijas y yo nos mirábamos con incredulidad y cuidadosamente excavamos alrededor del agujero, el cual sólo tenía 12 pulgadas (30 cm) de profundidad y 18 pulgadas (46 cm) de ancho. Yo regularmente comprobaba el agujero con mi detector, y casi me desmayaba cada vez que me daba una señal fuerte indicando que todavía había más objetos colocados allí.


Las hachas estaban todas juntas, menos las dos últimas, y uno de ellas había sido rota en la antigüedad. Tenían una pátina verde consistente y las encontramos a 8 pulgadas (20 cm) separadas del grupo principal.


Coloqué la última pieza en la hierba y el detector ya no daba respuesta, era evidente que había encontrado el total de las 10 hachas de la edad de bronce que alguien las dató entre el 1450-1250 AC. Me tomé un tiempo para darle vueltas a la cabeza sobre el hecho de que esos bonitos objetos escondidos fueron usados en la misma época que Stonehenge. Me preguntaba si la persona que escondió las hachas vio alguna vez este antiguo monumento en toda su grandeza. O quizás alguna vez adoró a su Dios aquí y por alguna razón tuvo que esconder los hachas y no volvió a recogerlas. Intenté disfrutar del momento el mayor tiempo posible porque sabía que hay muy pocas posibilidades de volver a encontrar algo tan importante como esto en el resto de mi vida.


Tomé un par de fotografías de las hachas en la hierba con mi teléfono móvil y entonces a regañadientes rellené el agujero pensando que no encontraría más hachas. Mis hijas estaban también abrumadas, eran conscientes de lo afortunadas que eran de presenciar el descubrimiento de unos objetos de hace 3000 años por su padre, que siempre les hablaba sobre el deseo de encontrar un tesoro o algo parecido.


Yo todavía encontraba muy difícil de entender que me había hecho ir hacia ese punto en el medio del campo, después de sólo una hora de búsqueda y justo cuando me disponía a volver a la caravana.
Sinceramente pienso que alguien me guió allí, queriendo que encontrase las hachas.


Volvimos a la caravana con las hachas envueltas individualmente en papel de cocina y se las enseñamos a mi mujer, que se impresionó al ver lo que habíamos descubierto. Después de esa noche, el granjero que había vuelto de atender sus negocios entró a la caravana acompañado por su mujer y se asombró de lo que habíamos descubierto en uno de sus campos. A los dos les interesaba la historia y habían hecho algunos descubrimientos en la localidad, pero nunca habían soñado que esa zona tenía una historia que se remontaba a la edad del bronce. El granjero quería que siguiera buscando en el resto del campo, pero le explique que teníamos que volver a casa en un par de días y que sólo podía buscar por unas horas más el día siguiente. El me dijo que recordaba que el campo había sido arado tan solo un par de veces. La última vez el año pasado, pero la vez anterior fue hace unos años cuado se aró a una profundidad de 2 pies (60 cm). Creo con toda seguridad que esa fue la vez en que los hachas fueron arrastrados desde lo más hondo a la superficie.


Dedicamos una hora más de búsqueda esa misma tarde, antes de que se hiciese demasiado de noche y encontré el onceavo hacha a unos 3m del agujero del tesoro, confirmando esto mi presunción. Al día siguiente busque alrededor de donde había salido el tesoro, en un radio de 50 metros, pero no encontré ningún otro hacha. En este momento en el que escribo, estoy esperando volver pronto para buscar en todo el campo junto a mi compañero de búsqueda, y he preguntado a mi FLO si algún arqueólogo debería estar presente, pero solo en el caso de que algo más sea descubierto.

He dado el tesoro a Beth, una interina del York FLO
– Find Liaison Officers– (Oficina de coordinación de hallazgos o descubrimientos) en el museo de Yorkshire, debido a que el Salisbury FLO no estaba abierto al día siguiente de encontrar el tesoro y nosotros nos dirigíamos ya a casa. Mi esperanza es que los hachas sean expuestos permanentemente en cualquiera de los museos de Salisbury o Devises, porque creo firmemente que es donde deberían permanecer.

 

fuente: TREASURE HUNTING

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